Sé que sucedio...

Si estaba escrito, trazado en las estrellas?

No habré de saberlo, no sé razonarlo.

Sé que sucedió, de repente, la luz más bella

Se encendió y comenzamos a crepitar

Como dos leños en esplendor de llamarada,

Tú y yo entregados a la plena dimensión de los sentidos,

a la amplia y vasta sensación de los corpúsculos.

Solo la emoción hacia su gala, sin lugar a la razón,

La única protagonista, la pasión desenfrenada.

La improvisación de las almas que se encuentran,

Los corazones que dialogan por simple empatía;

O las pieles que se reconocen desde la entramada.

La madre divina que por fuerza universal,

Les regala a sus hijos "ese" instante de plenitud que les debía,

O el azaroso Edén de lo eterno y colosal.

No lo sé, sé que nunca olvidaré aquella tarde,

Tarde de verano, con el pulso agigantado...

La respiración profunda y el suspiro suspendido,

En la quietud de la brisa y la inmensidad del tiempo.

En la que recorrí sin pausa cada centímetro de tu cuerpo,

Para aprenderlo de memoria por si era un sueño.

Que ya te había dicho que no podría olvidarte,

Ahora lo sé, sé que ya no podré hacerlo y no me empeño,

Es más, no me perdonaría si lo hago...

Surrealista pudo ser, si no me entrego a recordarte.

Ilusión, si no me lo permito y me hago cargo.

Realismo, si atados al recuerdo volvemos al ensueño,

Dejarlo así, es negarnos la experiencia de estar vivos!

Continuar, una osadía de libertad y recompensa,

Entreguemos al cosmos lo siguiente...



Poema de:

Horacio Felipe Rodríguez Porto. del libro "Amanecer Crepuscular" Edt. "La poesía eres Tú".

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